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Guerrero y el penal: la historia que Alianza repite

DDiego Salazar
··6 min de lectura·paolo guerreroalianza limaapuestas futbol
a group of people standing around each other — Photo by Carmen Laezza on Unsplash

A 72 horas de un penal que no se pateó, el ruido grande no vino de la jugada en sí, sino de la frase de Paolo Guerrero: disculpas públicas y ese “mi liderazgo siempre va a ser silencioso”, que suena correcto, sí, pero también vuelve a abrir una rajadura vieja en equipos peruanos con mucho cartel y poco protocolo cuando todo quema. Yo ya perdí plata por no leer esas rajaduras. Varias veces, varias. Cuando un referente sale a explicar después algo que tenía que estar cerrado antes, la cancha ya habló por todos.

No quiero hacer novela moral. Para nada. Me importa el patrón, porque en apuestas los patrones te pagan o te dejan misio. En Alianza, y también en otros grandes de la región, casi cada temporada trae un capítulo parecido: choque de jerarquías, dudas para ejecutar, y un partido que se enreda por una decisión de segundos, de esas que parecen mínimas pero después te cambian toda la semana. Pasa seguido en planteles con varios líderes naturales y sin una cadena rígida para penales y pelota quieta. La camiseta pesa, claro. La duda pesa más.

El minuto que cambia todo y lo que venía de ante

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Ese minuto —el penal que no patea quien todos daban por hecho— te cambia la lectura completa del partido, y de paso del camarín por un par de semanas, porque quieras o no todo el mundo interpreta gestos, silencios y hasta miradas. No es si Paolo estaba listo o no para ejecutar. No da. El punto es que afuera esperaban una cosa y vieron otra. Y el fútbol peruano, cuando se rompe la expectativa del líder, se pone bravo y te instala sospecha de bronca aunque no haya bronca real.

Antes de esa jugada ya se asomaban señales de temporada larga: Alianza calibrando automatismos, rotaciones, y un ecosistema medio tirante donde conviven futbolistas pesados con líderes jóvenes que, al toque, piden espacio y decisión. En el Apertura 2024 se vio algo parecido en varios clubes de Lima: tensiones en decisiones puntuales que no siempre pasan por táctica, sino por mando. Vuelve cada año. Como humedad.

Cobro de penal en un estadio lleno durante la noche
Cobro de penal en un estadio lleno durante la noche

Mi lectura, simple y discutible: el pedido de disculpas de Guerrero confirma que no fue casualidad, fue síntoma. Así. Y cuando aparece ese síntoma, se repite una consecuencia histórica: en los siguientes partidos el equipo arranca con menos fluidez en los primeros 20 minutos, más pase lateral, menos remate limpio, no por falta de calidad sino por exceso de cálculo mental.

Por qué esto toca las apuestas aunque no haya partido de Alianza ho

y

Este lunes 23 de febrero de 2026 no está Alianza en la lista inmediata, pero sí tenemos un espejo útil en Liga 1: duelo parejo, cuotas partidas y clima de decisiones finas. De detalle.

UCV Moquegua vs Deportivo Garcilaso abre con 2.95 / 2.85 / 2.45 y, pasado a probabilidades implícitas sin ajustar margen, te pinta un choque de detalle y no de superioridad aplastante, de esos que se te van por una sola acción bien o mal ejecutada. Ese tipo de partido se decide justo ahí: penal, pelota parada, último pase. Por eso lo de Guerrero no es chisme. Es señal de mercado. Una vacilación jerárquica puede mover más el vivo que el 1X2 de arranque.

Si mañana ves cuota de “anotará de penal” en un grande peruano, no compres por apellido nomás. En temporadas recientes, tras episodios públicos de liderazgo discutido, el mercado demoró dos o tres fechas en acomodarse. Ahí me fui de cara yo: aposté por inercia de figura, como si el nombre ejecutara solo. No ejecuta solo. Ejecuta un contexto, y a veces ese contexto llega roto al punto penal.

Hay otro número que casi nadie mira: en torneos cortos sudamericanos, un empate suma 1 punto y una discusión interna te puede tumbar 2 en una tarde, así de rápido, aunque después la conferencia quiera bajarle volumen. Parece obvio, pero la casa no siempre castiga esa fricción en el precio inicial. La castiga después. Cuando ya todos la vieron en TV. Apostar temprano a veces paga; también te puede jalar al boleto equivocado porque “temprano” y “bien leído” no siempre van juntos.

Táctica mínima, impacto enorm

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Tácticamente el asunto es menos romántico de lo que suena. Si un plantel no tiene orden cerrado para penales, el rival huele la duda y estira la escena: reclamos, pausas, amagues, lo que sea para bajar pulsaciones del ejecutor y meterle ruido en la cabeza. Es una guerra de segundos. Eso pesa. Y en esa guerra, el que llega con protocolo gana metros psicológicos sin tocar la pelota.

Me dirán que exagero porque fue una jugada aislada. Te la compro, a medias. Aislada en video; repetida en la historia. En Matute y fuera de Matute, Alianza tuvo etapas de producción ofensiva altísima y, al mismo tiempo, semanas de ruido interno que le quitan filo en partidos cerrados, esos donde una duda vale medio gol y un silencio raro te cambia todo el libreto. En La Victoria se respira esa mezcla de orgullo y sospecha, el hincha la huele al toque. Y el apostador que se hace el loco con esa memoria termina financiando la cuota de otro, como me pasó una noche en que doblé stake por “jerarquía” y acabé comiendo lomo saltado frío a la una de la mañana, viendo mi bank en modo ahorro extremo.

Pizarra táctica en vestuario antes de un partido
Pizarra táctica en vestuario antes de un partido

Lo que volverá a pasar, porque ya pasó varias vece

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Se va a repetir. No siempre con Guerrero, no siempre con Alianza, pero sí con equipos que dependen de liderazgos implícitos en lugar de reglas explícitas. En la próxima secuencia caliente —penal, tiro libre frontal, último balón detenido— va a volver esa tensión entre rango simbólico y ejecutor del día. Y no, eso no lo arregla una conferencia; lo arregla orden interno sostenido.

Para apostar, la lección no es “buscar mercado alternativo” como receta automática. A veces la mejor jugada es no tocar nada una fecha y esperar señales claras: quién patea de verdad, quién decide de verdad, quién manda cuando el partido arde. La mayoría pierde por confundir reputación con conducta repetida. Yo perdí así. Más de una vez. Y no hay frase elegante que lo tape: en fútbol peruano el historial manda más que el discurso, y cuando el patrón vuelve, lo sensato es creerle al patrón, aunque suene menos épico.

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